- Deje de regañarlo, porque él no puede controlarse.
- Reconózcale también las cosas buenas que hace.
- Considere que es mejor que sea feliz a que aprenda física. No presione por resultados escolares.
- Llévelo a consulta con un neuropediatra o a un psiquiatra de niños y adolescentes, que pueden orientar mejor el tratamiento.
- No lo castigue todo el tiempo. A veces es contraproducente y estimula la animadversión de los adolescentes hacia sus papás.
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