
Desde hace tres décadas, los psicólogos de los centros escolares realizan tareas de orientación educativa y profesional asignadas a los equipos y departamentos de orientación, pero su trabajo no se limita a este ámbito. Dan respuesta a las demandas de las familias y del profesorado sobre aspectos psicológicos que inciden en la adaptación personal y social, en el rendimiento del alumno y en la respuesta educativa.
La importancia de contar con un psicólogo en un centro escolar estriba en que está preparado para diagnosticar con argumentos científicos estados psíquicos particulares, como el retraso madurativo, el déficit de atención o la sobredotación intelectual. Determina trastornos de comportamiento y de las emociones y otros específicos del aprendizaje. Además, interviene cuando proceda para buscar soluciones con alumnos con discapacidades sensoriales y motoras.
El psicólogo es también el profesional capacitado para proceder a la intervención con alumnos o con grupos en situaciones de conflicto: violencia escolar, acoso o conductas agresivas. Ejercen de asesores del profesorado en el manejo del grupo, de las familias y de los alumnos sobre los problemas y procesos psicológicos que afectan al aprendizaje, como los trastornos del sueño y los trastornos de la alimentación.
Una de sus funciones más demandadas y resolutivas es el asesoramiento a familias, a profesores y a los alumnos que han estado expuestos a situaciones traumáticas: fallecimiento de un familiar, malos tratos, abuso sexual, catástrofes, etc. En estas ocasiones, su intervención temprana es crucial para derivar al escolar a un profesional externo que cuente con más tiempo y más medios. A pesar de su importancia, el número de psicólogos escolares es muy escaso.
Amaia Uriz. Revista Consumer Eroski
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